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lunes, agosto 14, 2006

Los problemas ignorados de las agendas subsidiadas

Por Matthew Creelman

· Al resolver las crisis existenciales, se evitan las crisis de ideas

· Promueven discursos contrahegemónicos, pero financian procedimientos hegemónicos

· Al sostener agendas desde afuera, contribuyen a formar islas ideológicas sin puentes


¿Cómo funcionaría un sistema hegemónico de control social en que casi todos los operadores se consideran contrahegemónicos? Ésta fue la pregunta que planteó Inforpress a un grupo de Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) internacionales en Guatemala durante un foro sobre el impacto de la cooperación, realizada en julio. Las ideas presentadas por Inforpress, son producto de su particular experiencia como empresa privada que analiza y acompaña a los procesos económicos, políticos y sociales de la región centroamericana. En este artículo se presenta un resumen de la ponencia de Inforpress, dirigida a intermediarios sociales que distribuyen fondos de la cooperación internacional a ONGs nacionales.

CIA: ¿MISIÓN CUMPLIDA? Si se compara a Guatemala con una olla de presión, el país en los últimos 25 años ha ido de una situación de alta presión a una de relativa estabilidad.

Al comienzo de los años 80 existían por lo menos tres grandes llamas debajo de la olla: la exclusión, la inequidad, y la represión estatal. En el período que inicia con las elecciones generales de 1985, tres herramientas han sido clave para enfriar la olla y estabilizar al país: la democracia electoral, la agenda de los derechos humanos, y los recursos abundantes de la cooperación.

La democracia liberal representativa bajó la presión creada por la exclusión política y relegitimizó el Estado; el monitoreo y financiamiento internacional de los derechos humanos contribuyó a bajar la represión estatal sin convertir el tema en movimiento social; y la cooperación creó procedimientos de trabajo que domesticaron los discursos contrahegemónicos, en lugar de reprimirlos.

La democracia electoral y los derechos humanos, que se convirtieron en prioridades de la cooperación, especialmente luego de la caída del muro de Berlín y la llamada crisis de alternativas, han sido promovidos por la más amplia gama de intereses: las agendas oficiales de los Estados Unidos y Europa; por la cooperación llamada solidaria que en su momento apoyaba al movimiento revolucionario; y por los programas multilaterales, desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo hasta el Banco Mundial.

Entre todos ellos, existen diferentes enfoques, propósitos, y agendas, pero el procedimiento ha sido básicamente lo mismo: crear y financiar organizaciones sociales que juegan el papel de intermediario entre la mayoría de los guatemaltecos y guatemaltecas que viven en pobreza, o han sido excluidos, y en muchos casos, reprimidos.

Siguiendo la metáfora de la olla, aunque las llamas de la represión y la exclusión política han disminuido con las agendas de derechos humanos y elecciones, la llama que proviene de la inequidad sigue creciendo, expresada por la concentración de riqueza, el cambio en la función del Estado, los altos índices de pobreza, y la falta de acceso a los medios de producción, etcétera.

La pregunta obvia es: si la inequidad es un problema tan grave ¿Por qué no calienta la olla? ¿Si hay menos represión estatal, y más democracia formal, por qué las ocho millones de llamas de gente empobrecida no logra alcanzar la olla?

La conclusión a que se ha llegado en Inforpress , es que preservar el estado actual de las cosas depende de lo que llamamos una disfunción funcional en tres campos; estas tres fallas en su conjunto tienen dos funciones: crear respiraderos para la olla y al mismo tiempo alejar el calor transformador de ella*.

Una es la crisis de intermediación política, producida principalmente por la corrupción estatal; la otra es la crisis de la intermediación social, (generada por el impacto de los subsidios); y la tercera es la crisis o falla de la intermediación económica (el coyotismo, los monopolios, reglas injustas de comercio, etcétera) que asegura que la mayoría de los actores que producen (trabajadores, pequeños productores, empresarios de sectores competitivos) no reciban suficientes recursos para progresar o salir de la subsistencia.

Esta crisis o falla de intermediación se nota cuando el bienestar de los intermediarios es independiente de su capacidad de cumplir con sus funciones. Al desvincular el destino de los intermediarios de los resultados de su trabajo, y premiar su disfunción (con la corrupción, la ineficiencia, o la creación de monopolios), se convierten en una especie de capa de amortiguación entre la olla y las llamas.

Los ciudadanos no tienen representación política efectiva debido a la corrupción estatal que convierte alcaldes, diputados y funcionarios ministeriales en empresarios ilícitos; los intermediarios locales de la cooperación no tienen poder frente a los proveedores de fondos, pero tampoco tienen que responder a sus bases; y los actores productivos no tienen vías para progresar por medio de la organización efectiva o la justa remuneración por sus esfuerzos.

ENTRE EL DISCURSO Y EL PROCEDIMIENTO. Un análisis de estas fallas en el contexto de la cooperación internacional comienza con un ejercicio en que el analista se coloca en los zapatos de los sectores que buscan estabilidad social sin las transformaciones fundamentales en relaciones y estructuras de poder: ¿Cómo crear un sistema de control social en que la gran mayoría de los operadores se consideran contrahegemónicos ?

Si en el pasado la represión de voces contrahegemónicas contribuía a deslegitimar el Estado y el capitalismo que lo sostenía, ¿Cómo puede crearse respiraderos para que estas voces no calienten la olla?

La solución ha sido liberar el discurso, pero controlar el procedimiento. Cada organización social o proyecto depende de una de cinco posibles fuentes para sostener sus esfuerzos: la cooperación; el Estado; el mercado; el voluntarismo; y la disposición de sus bases de sostener el proyecto.

Cada una de estas fuentes de sostenimiento deja su huella sobre el trabajo colectivo, pero casi siempre, los actores que optan por una u otra, lo hacen con una impresionante capacidad de ceguera sobre las implicaciones y las alternativas.

La lección aprendida (o no aprendida) es que el discurso contrahegemónico puede ser neutralizado por procedimientos hegemónicos. De hecho, un fuerte control sobre el Cómo puede hasta contribuir a la radicalización del Qué . De allí viene la posibilidad de subsidiar la formación de islas ideológicas; eliminando la necesidad de generar “economías de escala” (vistas como una fuerza colectiva que se genera por medio de debates de buena fe realizados en el contexto de una percepción de necesidad mutua).

En parte, estos debates no se realizan debido al pensamiento indolente alimentado por los subsidios.

En pocas palabras: sin la existencia de una crisis existencial difícilmente hay crisis de ideas. Con los subsidios de la cooperación las islas de ideas se encierran, sin necesidad de puentes; y aun cuando los puentes se extienden, también son subsidiados.

Irónicamente, hay una crítica de este proceso proveniente de un sector también altamente subsidiado: la comunidad universitaria.

En esta crítica, raramente se nota una mirada hacia adentro, donde un similar proceso ha logrado domesticar voces contrahegemónicas en las universidades y centros de estudio. Estas cegueras subsidiadas alimentan la distancia entre agendas que comparten importantes valores y metas.

ESPERANZA, INCONFORMIDAD Y ASOCIACIÓN. Durante mucho del siglo XX, los procesos económicos en los países industrializados y periféricos generaban tres rasgos importantes: la esperanza, la inconformidad, y el asociativismo. En ciertos momentos estas características fortalecían al sistema capitalista; pero en otros momentos, alimentaban los esfuerzos de derrumbar el mismo sistema.

Una característica importante de la época reciente (último cuarto de siglo) ha sido la expulsión de estos rasgos de los sectores en donde pueden complicar los procesos de acumulación de riqueza. Pero en lugar de reprimir estas voces inquietas y colectivas, fueron dadas un espacio privilegiado: las ONGs , las universidades, los medios alternativos, y los centros de estudio y análisis. Y en algunos momentos, existen espacios en el Estado para su participación. Hoy existe una izquierda subsidiada, una izquierda nostálgica y una izquierda orquídea, que vive en los nichos de los gobiernos de derecha.

Quizás la función de respiradero más importante de la cooperación y las universidades es crear este nodo privilegiado de producción para actores críticos, liberando sus discursos, pero controlando su procedimiento.

Hoy las agendas sociales, políticas y culturales de los sectores contrahegemónicos son mucho más definidas que su trabajo en el campo económico o productivo. Con pocas excepciones, el asociativismo y la inconformidad creativa están en crisis en el área rural, en el sector laboral, y en las comunidades productivas. En los casos en que la cooperación intenta incursionar en el terreno productivo, sus costos, sus procedimientos, y la falta de accountability contribuyen al limitado éxito de sus esfuerzos.

En este sentido, el neoliberalismo ha logrado sacar las fuerzas de transformación de la economía privada, y la cooperación internacional y los subsidios estatales han proveído lugares atractivos de aterrizaje para estas voces.

Otra función hegemónica del financiamiento externo ha sido sobredimensionar la acción política, aun cuando no existen fuerzas sociales para sostenerla. Durante los años pos conflicto en Guatemala, más de US$4 mil millones en financiamiento internacional (re-embolsable y no re-embolsable) fueron entregados a la sociedad civil y al Estado, en un proceso que ha favorecido la estabilidad sobre la transformación; y las necesidades de la intermediación, sobre la acumulación de fuerzas sociales.

QUITAR EL AGUA AL PEZ. Durante el conflicto armado, el Ejército explicó su estrategia de tierra arrasada con el refrán: hay que quitar el agua al pez . Si el movimiento revolucionario dependía del voluntarismo y la disposición de sus bases para sostener el proyecto la meta del Ejército fue obligarles buscar otras fuentes para sostener sus actividades.

Hoy, el proceso de liberar discursos y controlar procedimientos busca lo mismo, pero de manera mucho más sofisticada.

Los peces de la intermediación social se presentan como actores identificados con las comunidades y los sectores sociales excluidos y pobres, y de hecho, sus agendas responden a las necesidades y aspiraciones de las comunidades. En este sentido, su responsabilidad en cuanto a los contenidos de su trabajo es descendente .

Sin embargo, el procedimiento de su trabajo, que convierte comunidades en beneficiarios, es determinado por las reglas de procedimiento, y refleja una responsabilidad ascendiente: los mecanismos de control y el poder de decisión vienen de arriba.

Las lecciones aprendidas de varios años de estudiar estos flujos contradictorios de responsabilidad es que lo económico domina lo político, el procedimiento debilita al discurso, y los intermediarios tienden a subir escaleras y no bajarlas.

Para ilustrar el impacto de este proceso se comienza con el hecho que las personas dividen sus actividades entre individuales y colectivas.

El traslape entre los dos círculos representa las actividades en que los individuos se sienten realizados o beneficiados trabajando en grupo. Existe una demanda social, política, cultural, o económica que explica la atracción hacia este traslape. Es un espacio que genera percepciones de bienestar, seguridad, identidad, etcétera.

Un economista posiblemente lo llamaría una economía de escala generada por la existencia de un grupo.

El uso de los recursos económicos de la cooperación, como herramienta fundamental de su intervención, ha contribuido a borrar la línea que divide entre la colectividad demandada por las personas quienes buscan acumular fuerzas vía la colectividad; y la colectividad que existe como requisito para obtener recursos.

Al borrar esta línea, se está debilitando la capacidad transformadora de lo colectivo. El mismo financiamiento de actividades colectivas identificadas como importantes por los participantes (el área de traslape) también altera la práctica de los involucrados. En lugar de ser sujetos capaces de sostener y definir sus iniciativas, los participantes se convierten en beneficiarios. Lo genial del proceso, desde el punto de vista hegemónico, es que contribuye a una degeneración de lo colectivo, y se logra por el lado del procedimiento, sin reprimir los discursos utilizados.

En este sentido, no importa tanto el contenido de los medios de comunicación subsidiados; lo importante es su autonomía y distancia frente a los lectores; hoy se vive una especie de censura por abundancia , en que los medios subsidiados no requieren de validación por el lado de la demanda.

Tampoco es inquietante la agenda de las ONGs que luchan en contra de la corrupción; lo importante es que sus esfuerzos no se conviertan en un movimiento social capaz de analizar las raíces e implicaciones de la corrupción como regulador de la democracia. Mientras la lucha anti corrupción esté en manos de las cámaras empresariales, la embajada de los Estados Unidos, y ONGs nacionales, dificilmente se calentará la olla.

Similares procesos son evidentes en procesos políticos, de incidencia, de movilización por medio de viáticos, de centros de investigación y estudio.

El rasgo que más favorece estas situaciones es nuestra capacidad humana de auto decepción. Las fallas de la intermediación social dependen de esta capacidad. Al enfocarse en su discurso y no en su procedimiento, los intermediarios pueden sentirse realizados, validados por los flujos de fondos, mientras responsabilizan a factores exógenos por los resultados limitados de sus esfuerzos.

En vez de castigar el discurso, hay que domesticarlo. En vez de sofocarlo, hay que administrarlo. Ahora, existe una nueva clase social multinacional que administra el discurso contrahegemónico. Es un espacio altamente subsidiado, y por eso, en momentos de crisis hegemónica, se le puede asfixiar economicamente.

¿QUÉ HACER? Si los saldos más graves de las fallas analizadas en este ensayo son el debilitamiento de los espacios colectivos, y la domesticación de los discursos por medio de procedimientos hegemónicos, la tarea más importante es revalorar este espacio de traslape , democratizándolo, cuidándolo y fortaleciéndolo con el sacrificio de los integrantes.

En la medida que estos esfuerzos convierten las actividades de una comunidad o un grupo en una percibida economía de escala para los integrantes, la iniciativa será sostenible sin subsidios y podría representar una fuerza transformadora interesante.

En el campo económico-productivo, donde la colectividad puede generar economías de escala importantes, el fortalecimiento de comunidades críticas y a la vez productivas podría ser una amenaza importante al sistema excluyente. Por eso la corrupción y las fallas de intermediación son tan importantes para la domesticación de los movimientos cooperativista y sindical.

Es notorio que hoy el número de alcaldesas en Guatemala es menor que el número de jefas ediles hace 20 años. A pesar del tremendo esfuerzo humano y las grandes cantidades de recursos de la cooperación dedicados al tema de género y participación de la mujer, en Guatemala no se ha logrado convertir esta acumulación de capital social en capital político.

En otras palabras, cómo medir lo que se hace? ¿Hay números negativos en estas mediciones o solamente son números no muy positivos? ¿Cómo estamos hoy en cuanto a la acumulación de fuerzas sociales? ¿En cuanto a la corrupción estatal? ¿La evasión fiscal? ¿La sostenibilidad de las comunidades productivas? ¿La participacion de la mujer en la política? ¿Las expresiones políticas de los pueblos indígenas?

En resumen, es importante definir el papel del recurso económico en las transformaciones sociales. Demasiado es tan dañino que demasiado poco. Enfrentar estas situaciones requiere la apertura de debates que conllevan riesgos de perder fondos.

En varias entrevistas con analistas y contrapartes locales que reciben fondos de la cooperación, se detectó tres clasificaciones para las relaciones: hay oportunismo; hay astucia (caballo de troya); y hay agendas modificadas.

En cada una de estas clasificaciones abundan las anécdotas que justifican la participación. Sin embargo, las estadísticas no mienten: Guatemala, en medida por el índice GINI (Fundación Heritage 2006), está en el rango 118 de 128 países en términos de la desigual distribución de la riqueza, a pesar de sus elecciones limpias, y su reciénte nombramiento a la Comisión de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas.

www.albedrio.org


3 Comentarios:

  • Mateo: Ponés el dedo en la llaga y tu análisis invita o, mejor, obliga a hacer una amplia autocrítica al interior de las ONG, para determinar en que medida se han convertido en mediatizadores de los procesos de participación popular. El autoconferido papel de "portavoces de los sin voz" funciona como contenedor de la desesperanza popular y amplía el espacio de acción de las políticas neoliberales que necesitan un campo limpio de obstáculos molestos.

    Por Blogger Rolando Alecio R., 15 agosto, 2006  

  • Yo considero que hay de todo pero que es cierto que en cualquiera de los casos se termina siendo mediatizador como benefactores de grupos en crisis.

    Las mafias estan presentes en todos lados.

    El oportunismo aparece reproducido como hongos en el bosque.

    La gente que trabaja por sus semejantes existe también. Digo esto por que lo conzoco.

    Hay que seguir analizando el tema sin perder de vista quien es el contendiente en la lucha por la justicia.

    Mariana Lourdes Heranandez

    Por Anonymous Anónimo, 19 agosto, 2006  

  • La cooperación internacional solo debe llegar cuando no quiera entrometerse en la linea ideológica de los proyectos.

    El resto pueden hacerlo un rollo...

    Por Anonymous Anónimo, 23 agosto, 2006  

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